Hace ya algún tiempo, allá en el sur del continente americano, llegaba -como llega todos los años-el verano.
Los niños estaban deseosos de ir de vacaciones y los padres también. Repentinamente nos llegó la noticia de que teníamos asignada una cabaña muy cerca del océano, en una hermosa playa con pinares, churrasquera, etc. Pero que debiamos aprontarnos en una semana.
Se imaginan la locura. Buscando trajes de baño, tohallas, primeros auxilios, comprando latas de comida, recipientes de agua, repelente de mosquitos, bronceador, etc. Fue una semana de emociones anticipadas antes de salir.
¿Cuánto iba a durar la alegría?. Hasta el día del regreso.
Ahora, años después pienso en otro acontecimiento y comparando, no veo a nadie haciendo planes, ni preparándose, y eso que va a durar mucho más. Como se usa decir "una eternidad".
Me refiero a la segunda venida de Jesús. Está a la puerta, aunque no sepamos cuando. El dice que vendrá como ladrón en la noche, nos exhorta a estar preparados, pero no hacemos nada. Como El dice: "Sucederá como en los días de Noé", Nadie creyó al viejo patriarca hasta que comenzó a llover, y era tarde.
Es un asunto muy serio, claro que los que no creen no se preocupan (aunque deberían por lo menos informarse, por las dudas).
Pero cada uno es dueño y responsable de sus propias decisiones. Yo no entiendo, en verdad, a los que creen. Porque el mensaje es claro y las señales ya comenzaron.
Si alguien está interesado en indagar un poco más puede leer, para empezar, la parábola de las diez vírgenes; está en el Nuevo Testamento, en Mateo, capítulo 25, del 1 al 13.
Bendiciones
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